Aunque parezca una idea sacada más bien de una historia de Julio Verne, el caso es que tras la aparición nanotubos de carbono en 1991, estamos más cerca de poder elegir las estrellas dentro del ascensor de unos grandes almacenes. La idea fue propuesta por primera vez hace un siglo por el científico ruso Konstantin Tsiolkovsky y resurgió en la década de los 60 y actualmente parece una solución más viable incluso que los actuales vuelos espaciales. Y es que según un estudio del ingeniero Bradley Card Edwards para la NASA, este nuevo método conseguiría rebajar enormemente los gastos derivados de los aparatosos despegues de los cohetes.
La idea que baraja Bradley se basa en que la mayor parte de la masa (y por supuesto, la parte más costosa del diseño) que tienen los aparatos espaciales tan sólo se utiliza para conseguir salir de la baja órbita terrestre, mientras que una vez superada la primera fase del despegue la mayor parte del cohete queda inservible y se desecha. Los ascensores no obstante no tendrían este problema puesto que consistirían en una cuerda de nanotubos de carbono que estaría sujeta a una estación espacial en el firmamento y a una base terrestre en medio del océano y el desplazamiento se haría dentro de una especie de cabina de montacargas que se alimentaría con energía solar.
El problema principal que plantea la construcción de este tipo de ascensores se encuentra en la cuerda por la que se desplaza el montacargas. Esta cuerda debe ser, en palabras de Bradley "increiblemente ligera y tan fuerte que haga que el acero parezca tan suave como un helado" y obviamente esto era un problema. Pero el descubrimiento de los nanotubos de carbono en 1991 por el investigador japonés Sumio Lijima ha resuelto este problema, ya que en teoría estas estructuras son 100 veces más fuertes que el acero con tan sólo una sexta parte de su densidad. Actualmente tan sólo hemos llegado a conseguir nanotubos unas 70 veces más fuertes que el acero pero ya se está estudiando la combinación con polímeros para alcanzar las longitudes y resistencia deseadas.
Así, parece que pronto seremos capaces de darnos una vuelta por el espacio con un menor coste económico y con mucha más seguridad que la que existe actualmente en los vuelos espaciales.