Aprovechando el 400 aniversario del Quijote, así rezan por Sevilla los anuncios de un parque de atracciones bastante conocido por aquí por el sur. Pero estos publicistas no son los únicos que han descubierto en su IV Centenario de vida al Caballero de la Triste Figura, yo también me he animado a leer esta magnífica obra de la literatura y aquí os dejo mi opinión.
Hacía tiempo que quería leer este libro sobretodo por la publicidad que le dan los profesores desde que somos pequeños: "la obra cumbre de la literatura española", "Un fiel reflejo de la España quijotesca de la época"... Realmente dudo que muchos de mis profesores hallan llegado a ver si quiera la portada del libro, pero ese es otro tema. El caso es que animado por su IV centenario me decidí estas navidades a leerlo y la verdad es que merece la pena leerlo al menos una vez.
El Quijote es una comedia, es un libro que te arranca las sonrisas en cada intento del Caballero por hacer valer su orden de caballería. Es un libro que critica a los libros de su época, en cierto modo es como si hoy día se escribiera un libro que satirizara a todos los clones del archiconocido Código Da Vinci [1]. En aquella época lo que estaba de moda eran los caballeros andantes y nuestro escritor más internacional se despachó a gusto con estos libros. Literariamente el libro está plagado de fallos y erratas, en el sentido de que Cervantes no debía escribirse un guión a seguir ni mucho menos. A pesar de estos pequeños (aunque numerosos fallos) el libro está bien escrito y simula a la perfección los estilos literarios que satiriza, mezclando diversos tipos de novela desde la bizantina a la pastoral e introduciendo continuamente a nuevos personajes, relacionando éstos con los antiguos y contando varias historias sin hacernos perder el hilo de la historia. Sobre lo que me contaban del fiel reflejo de una España quijotesca... la verdad es que no he identificado al Caballero de la Triste Figura con nuestro pais a pesar de que muchas veces hagamos auténticas barbaridades.
Don Quijote es un loco, pero quizá no tan loco como lo que nos quiere hacer creer. Él es un héroe de la época, que lucha por los desamparados, las injusticias y por el amor. Sí, el amor a Dulcinea, un amor platónico, idílico, perfecto. Dulcinea del Toboso es su proyección de mujer perfecta, en cierto modo es la razón por la que ha enloquecido, el leit motif de su ordenación como caballero. Su amada es la fuerza de un hombre de 50 años para lanzarse a la calle con una lanza y matar gigantes con una bacia de barbero en la cabeza. En el fondo él sabe de su locura, es consciente de que su mundo no existe, pero es tan horrible el mundo que le ha tocado vivir, es tan desesperante creer en valores que no existen a tu alrededor, que es mucho mejor reinventar el mundo, esconderse en una armadura y ver las cosas a través de una retina que contemple los códigos más antiguos de la valentía y el honor. ¿Quién no se ha escondido alguna vez tras su imaginación para poder seguir adelante? Don Quijote prefiere la felicidad de la ignorancia del mundo que le rodea antes que el desengaño del deshonor de los hombres. Personalmente creo que no hace tantas locuras como las que cabría esperar por su fama, y llega un momento del libro en el que toda la trama se centra en otros personajes secundarios que tienen historias apasionantes.
Quizá lo que más me ha llamado la atención es el proceso de quijotización de Sancho que empieza viendo Molinos de Viento y acaba viéndose virrey u obispo o lo que Don Quijote le diga. Sancho parte con Don Quijote lleno de recelos y de ansias de fortuna. A Sancho le mueve el dinero, el interés económico que le sacará de la pobreza y de paso también a su familia. Sancho es Alfredo Landa, es el español típico, es una especie de pícaro honrado que espera coger las migajas de lo que gane Don Quijote. Le coge cariño a su señor y en el fondo se acaba contaminando de sus ideas y esperanzas, pero tan sólo porque Don Quijote muy hábilmente le pone a disposición de sus sueños todo un virreino para él solo.
El personaje del que quizá menos se habla de de Rocinante, el Caballo, la fidelidad, el cariño y la abnegación. Aguanta toda la obra como un campeón con Don Quijote a cuestas sin protestas, sin reniegos y sin perder el cariño al caballero. Rocinante está triste si su Caballero no está en su lomo guiándolo por las tierras de Castilla, defendiendo a los más necesitados. Es el reflejo de amigo fiel que todos deberíamos tener...
En resumen, es un gran libro al que se le ha hinchado de fama y creo que ésta le ha hecho un flaco favor, asustándonos pensando que nos vamos a encontrar una obra difícil y antigua. Lo más grande de la obra es que a día de hoy 400 años después de la muerte de su autor sigue entreteniendo y dando mucho de sí a sus lectores. Por si no sabéis dónde encontrarlo aquí os dejo un enlace a su formato electrónico.
[1] NO PIENSO LEER ESTE LIBRO