La casa siempre ha sido el ámbito donde el hombre se ha realizado como persona individual y como parte de un colectivo. Como ser racional se ha encargado de incluir todo lo necesario en la casa para convertirla en su hábitat. No se trata que el hombre se encuentre a gusto y relajado sentado en el sillón de cuero rojo del cuarto de estar viendo la tele y haciendo zapping mientras el aire acondicionado le seca las gotas de sudor de su frente, la función del arquitecto es otra, es comprender las necesidades del hombre, que van mucho más allá de la simple protección de la naturaleza, algo que también hacen los animales, se trata de rematar un espacio ya existente, de materializar la proyección de un elemento que nos convierta en personas, o en una comunidad.
Es Campo Baeza el que se refiere a las casas actuales como mausoleos o museos, más bien de los horrores, donde cada habitación representa una época de la historia de la humanidad (reflexión, por otra parte, bastante acertada desde mi punto de vista). Donde la identidad de la casa como tal se ha perdido, la casa no sirve para vivirla, ni para habitarla, se ha convertido en un escaparate que la máxima función que puede desempeñar es la de mostrársela a los amigos cuando “visiten” la casa; puede que el error esté ahí, una casa no se visita, se contempla con su usuario. El espacio de una habitación no tiene sentido cuando no tiene como eje fundamental al hombre, una habitación vacía es un volumen cóncavo en el que sólo nos interesa lo de afuera. La arquitectura comienza a tomar vida cuando la hacemos funcionar, cuando entramos en contacto con ella y obligamos a que cumpla la función para la que fue diseñada, cuando la habitamos.
El problema no sólo radica en los usuarios, sino también en los arquitectos. Un arquitecto debe tener siempre presente cual es la intención de la arquitectura y la función de sus obras. La intención de la arquitectura radica en crear espacios cerrados y protegidos, donde el hombre pueda habitar; y la función de sus obras siempre está subordinada a la intención, la función no siempre concuerda con lo que se pretendía, en ocasiones la función que se le da a una casa no es la de vivirla, sino la de contemplarla. Algo ha fallado, la arquitectura persigue un objetivo pero el resultado materializado no se corresponde. Aquí está el fallo del arquitecto, se debe encargar de que la casa sea un elemento racional y que cumpla con su objetivo teórico.
Un ejemplo: una familia de 7 miembros, dos gatos, un perro y muchos pájaros. Parece difícil conseguir una casa donde residan todos ellos y al mismo tiempo dispongan de la intimidad necesaria para que se realicen como familia y como colectivo (siempre dentro de la intimidad de la casa hacia el ámbito público)
La familia no es estática como un muro de piedra o un pilar de hormigón, cambia, se mueve, va,viene, vuelve y nunca el recinto por donde ha pasado una persona vuelve a ser el mismo que antes de su entrada. Esto obliga a que la casa también cambie, no debe ser un conjunto de paredes sino un espacio definido compartimentado siguiendo una lógica racional y pensado para el hombre, no para una máquina. Es decir, el hombre se mueve aleatóriamente, no responde a normas ni a órdenes como las máquinas. La casa no debe ser un raíl de tren que marque el paso y cuando se rompa éste la casa no funciones. La casa necesita energía que se genera con el habitar, una casa vacía de vida puede tener origen pero no tiene función ni futuro. La casa como tal es el medio que creado por el propio hombre y su racionalidad le aporta lo necesario para protegerse, resguardarse y vivir, en resumen: habitar.

"Desde que el hombre redescubrió el orgullo por lo propio y el recelo por lo ajeno, es inevitable encontrarse contradicciones en la arquitectura doméstica." Me encanta tu título, muy en la línea de la arquitectura. El artículo es muy interesante ¿para cuando más?
Un saludo!
Vaya, vaya... ¡qué pedazo de artículo-reflexión! Estoy de acuerdo en lo de que usuario y arquitecto deben compartir la responsabilidad que es crear un espacio para el habitar. Entiendo tb que el papel del arquitecto tiene más responsabilidad en cuanto que éste conoce más alternativas y soluciones a los problemas generados por el habitar (aunque creo que la arquitectura por sí sóla no puede cambiar las maneras de pensar/habitar más arraigadas, los arquitectos no son dioses). Voto por eliminar los nombres de las habitaciones: no más dormitorios, "livings" y chorradas. Si el habitante quiere un vestidor-despacho, por qué no hacérselo? Supongo que todo es cuestión de depurar el significado y el uso que tiene cada uno de los espacios que compartimentan una casa. Genial el artículo, espero más para ya mismo!!!
Desde aquí mi aplauso a la iniciativa que han tenido de crear este espacio en el que poder expresar lo que a muchos se nos pasa por la cabeza y que, a veces, no decimos en voz alta (algunas cosas como este tema de la vivienda deberíamos gritarlas!!!!!) Coincido con la opinión del escritor del artículo en la idea de dotar de flexibilidad a las viviendas, de lograr que si nos encargan algún día (desdichado aquel!) una promoción de 100ypico viviendas (o más, ya se sabe..) podamos dotar al usuario final de dicha vivienda del espacio necesario para su situación económica, social (incluso laboral) concreta. Luchemos y reivindiquemos una sociedad plural con viviendas plurales!!!! (Seguid así!)