Es impresionante ver algunas visiones del rumbo que está tomando la arquitectura, como el hombre avanza en unos aspectos y se queda anclado en el pasado en otros. ¿Tenemos miedo a la sinceridad?
Desde que leí un texto llamado manifiesto de la arquitectura futurista no puedo dejar de pensar y de reflexionar si es realmente cierto toda la información que vierte sobre el funcionamiento de la sociedad actual. La indignación viene después, cuando nos damos cuenta que hay que resignarse a la critica del autor y aceptar como cierto todo lo que dice, porque estemos de acuerdo o no con sus líneas de pensamiento refleja fielmente a la sociedad en la que vivimos. No es necesario esquivar o disfrazar con eufemismos las reflexiones del autor, es así de duro y de cierto. Pero lo que más me sorprende es que un manifiesto tan aparentemente rompedor e innovador fue escrito hace casi 100 años, y todavía hoy pensamos que estamos a la vanguardia en arquitectura. El problema viene cuando se confunde el lujo con la buena arquitectura; cuando se antepone la hipocresía a la sinceridad de materiales.
Si la sociedad de hoy se refleja como la sociedad de la información, de los avances, de la tecnología, del estrés y de la velocidad, porqué nuestras casas y nuestras ciudades no funcionan de igual forma?, ¿Porqué nos empeñamos en vivir en ciudades romanas, griegas o fenicias?, cuando un ordenador no alcanza o ha dejado de ofrecer un mínimo de funciones para las que fue comprado se abandona y se desprecia; nunca ese ordenador, esa carcasa o esa pantalla se reutilizará, porque es más barato y más útil cambiarlo sin más. La tecnología acompaña a la sociedad pero no la guía, porque aún hoy, son más importantes las tradiciones y lo antiguo que el desarrollo del conocimiento humano.
La absurda nostalgia de lo que un día fuimos y la inercia sin sentido en la que navegamos nos hace conservar en formol aberraciones históricas que encuentran su verdadero valor en la permanencia a través de los años, en falsear la realidad con muros pesados y paredes opacas, en traer al presente objetos inanimados que empeñados en subjetivizarlos. Sobrevaloramos así un puñado de tierra amasada y contenida entre dos superficies verticales más o menos planas, donde se taladran con escrupuloso orden clásico huecos mínimos que no entienden de orientación ni de necesidades.
Es cierto, vivimos rodeados de tecnología que nos hace más agradable la existencia, nos alarga la vida, nos proporciona comodidad y por supuesto lujo, un concepto tan moderno que pretende sustituir al concepto de nobleza, ya hoy desvalorizado y sin sentido para la sociedad actual que se mueve por, con y desde el poder económico; el honor y la "clase" no importan hoy en día, son conceptos que vendemos fácilmente. Pero nos aferramos a vivir en mansiones, en palacios, en villas donde predominan los materiales "nobles" y anodinos que nos apartan una vez más de la evolución normal y exponencial del ser humano.
Con necesidades tan absurdas como tener un gran televisor sobre un fondo de piedra maciza frente a un sofá de piel blanca cubierto por una bóveda de ladrillo mudéjar, no podremos evolucionar totalmente, porque cada tiempo necesita expresarse y para eso no sólo es necesario avanzar en la moda, en la tecnología o en el pensar, cada tiempo necesita redefinirse constantemente, y no nos queda otro camino que empezar desde cero en la construcción de las ciudades.

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¿Propones denostar la seguridad y propiedades de la piedra a cambio de por ejemplo el acero, el plástico o la fibra de vidrio? Yo creo que la máxima evolución tecnológica se encuentra en aunar en el presente el pasado y el futuro: Piedra y vidrio. La revolución industrial de nuestra época es la sostenibilidad y sólo los que consigan actualizar los viejos modelos tecnológicos con los modernos inventos conseguirán la simbiosis perfecta.
Permíteme que puntualice. La tecnología sí guía a las personas, a algunas: los que nos dedicamos, nos interesamos y nos movemos en el mundo de la tecnología. Gracias a la tecnología ideamos nuevos avances, y cada nuevo avance supone encontrar nuevos retos por solucionar. El problema de que esta tecnología, esas soluciones, no lleguen a los demás deriva no de la tecnología, ni de los que la estudian y mejoran, sino de que como casi todo en nuestra sociedad, si no es rentable no debe existir.
Supongo que con la arquitectura pasará más de lo mismo, puede ser más interesante especulativamente hablando, seguir recurriendo a materiales como el ladrillo que no suponen gasto añadido (ya sabemos hacerlos y tenemos los medios apropiados) que recurrir a nuevos materiales que requerirían una inversión inicial y que a la postre acabarían por abaratar costes y reducir los márgenes de beneficio de los que deciden qué ofrecer a la gente.
Cuando el mercado vive por y para el mercado, y nadie hace nada por introducir aire fresco, la evolución es casi imposible. Los poderes económicos tienden a ser conservadores, y ni siquiera la competencia supone un revulsivo: si no competir es más rentable que arriesgarse, nadie competirá.
La gente rechaza viviendas de plástico porque no las conoce, no las ha probado y no se las han ofrecido nunca más allá de una (utópica) feria de muestras. En definitiva, no lo considera una opción real. Del mismo modo, la gente rechaza tecnologías porque no las conoce, no las ha probado y no se las han ofrecido nunca... ¿te suena el nombre de GNU/Linux?
Prueba de todo esto es que construcciones arriesgadas, rompedoras e innovadoras que inicialmente levantaron rechazo, son ahora admiradas y veneradas; impidiendo del mismo modo la llegada de nuevas corrientes.
Estoy de acuerdo en que cada época debe tener su lenguaje, pero creo que en la actualidad no hay ya "estilos". Sólo nos encontramos "neos", "-ismos" y "post-". El estilo actual es que no hay estilo. Al fin y al cabo todo está a mano, desde los materiales más añejos hasta lo más exclusivamente "rompedores", y es el cliente el que elige. Lo único que sí sé es que deberíamos "dejar morir con dignidad" aquellas arquitecturas que ya no son útiles pq ya no se adaptan, dejarnos de paternalismos (más "ismos", agh) y de pensar que "todo tiempo pasado fue mejor".
PD: Foncu, te encanta llevarte estos temas a tu terreno, jajaja.
TODO está relacionado, aunque no lo parezca. Por cierto, identifícate!!!
Propongo crear una ciudad residencial de adobe con trozos de cristal cortante en el tejado, a modo de relojes del tiempo circustanciales que evidencien el paso del tiempo de la humanidad por las modas hipócritas sociales, uniendo a la Bauhaus, al modernismo regionalista, y a la santa madre del cordero en una y única arquitectura basada en el despiporre de las formas y en el "aquí te pillo, aquí te mato", para comprobar el éxito de las distintas teorías artísticas acerca de la interpretación de la arquitectura para la gente de la calle, clientes finales de los siervos de Autodesk.