Me entero a través del citado periódico que hoy se le echa definitivamente el candado al Palenque, el famoso edificio diseñado por José Miguel de la Prada Poole (arquitecto y profesor de proyectos de la ETSA de Madrid), que ganó para la Expo’92 de Sevilla un concurso nacional de ideas de arquitectura, siendo su propuesta la más sobresaliente, porque conseguía con un sistema de climatización interno compuesto de cientos de fuentes por todas partes y con ayuda el aire acondicionado, bajar la temperatura interior del recinto en ocasiones hasta en 14 grados con respecto a la temperatura exterior.
Este proyecto ganó por varias razones, la primera quizás, era el más económico. La segunda, era que se tenía en cuenta que el solano en Sevilla era fuerte, y se necesitaba un espacio par albergar a 5500 personas (1500 personas en el escenario central en gradas y 4000 por el resto del recinto); y la tercera, que José Miguel de la Prada Poole era un arquitecto experto en temas de bioclimática, conocimiento que para la Expo’92, venía al dedo.
Pues bien, hoy AGESA, esa sociedad estatal que abandona y re-utiliza, construye y destruye como le viene en gana según en que sitios con el permiso de la Gerencia de Urbanismo, ha decidido destruir este símbolo de la Exposición Universal de Sevilla para construir un futuro edificio con vocación de centro de negocios.
Las excusas (que es lo que me parecen a mi las razones que dan a veces los responsables de este tipo de instituciones) son muy variopintas, como que la Cartuja se le agota el suelo. Vayamos por partes y por favor, seamos realistas. La Cartuja no tiene agotado el suelo, lo que lo tiene es muy mal explotado. No sé si alguien ha visto el increíble parking para empleados que tiene en superficie Isla Mágica, que ocupa un especio descomunal a mi parecer. No sé que mal sería que quitaran ese parking y construyeran el supuesto edificio de centro de negocios allí. No olvidemos que además, Isla Mágica DESTRUYÓ (en mayúsculas porque mató un legado que no recuperaremos en pro de una empresa abocada a un fracaso seguro por su nula capacidad de avance) toda la zona del lago, con sus pabellones autonómicos. Vamos, que si quitáramos un trozo de Isla Mágica (recordemos, un solar de parking) sería más bien un “ojo por ojo” pero muy justificado.
Cuando veo este tipo de actuaciones urbanísticas, como sevillano, como usuario de la arquitectura, y como espectador activo que fui de los 176 días que duró la Expo’92, sólo puedo decir que se me crea una sensación de malestar porque a veces no entiendo a quien decide este tipo de actuaciones en aras de la “rentabilidad”.
Adolecemos en Sevilla y los sevillanitos de un defecto inmenso, que es el de catalogar. Todo tiene que estar catalogado y cualquier fachada que esté a menos de 5 kms del centro histórico y que esté pintada de albero y granate y posea una reja tiene que estar catalogada. Me río yo del catálogo ese.
De forma que catalogamos la Torre de los Perdigones, en la zona de Barqueta, y la conservamos, o la fábrica de Pirotecnia, y la conservamos, como símbolos de la Revolución Industrial de Sevilla (que menos mal que vino la familia Pickman a impulsarla) y bueno, está bien.
Ahora, veo como un edificio que se construyó siguiendo unas bases estrictas, con una metodología de reducción del calor muy interesante y estudiado y que podría valer como modelo a las cosillas que está haciendo el ayuntamiento para servir de precedente de que lo moderno no implica poner granito y naranjos por todas partes; y que además, no lo olvidemos, ganó un concurso, y participó en una muestra de carácter Universal; y eso, no lo catalogamos.
Hagamos un inciso: recordemos que Sevilla ahora es la ciudad de las personas (juas juas), pero paradójicamente destruimos edificios hechos para el pleno uso y disfrute de las personas y conservamos muchos que estaban hechos para las máquinas ¿curioso verdad? Lo mismo a los publicitarios del ayuntamiento les vendría bien unas sesiones de memoria histórica de la ciudad que venden.
El Palenque tuve su momento de esplendor en la Expo’92. Tuvo sus fuentes funcionando día y noche aliviando a los visitantes que en pleno verano osaron venir a Sevilla a ver la grandiosidad sin precedentes de la Expo’92, albergando no lo olvidemos, a cientos de embajadores, cortes reales, artistas y personalidades de todo tipo de mundos, porque el Palenque era el primer sitio donde se presentaban las personalidades cuando llegaban al recinto de la Expo. El Palenque, era el escenario a donde se asomaba el público “vip” al público visitante, donde cada uno de los 176 días que duró la muestra hubo miles de actuaciones diferentes, representando la multiculturalidad del planeta, y todo ello, fresquitos.
15 años ha durado este edificio en pie. Un proyecto que se diseñó con una durabilidad limitada, y me explico. El Palenque está diseñado como una plaza, y como se sabía que las lonas no durarían eternamente, en el interior había plantados árboles que el día que se quitaran las lonas sustituirían a estas en su labor de dar sombra. Vamos, que era un proyecto bien pensando, no por ejemplo, lo que se ha hecho con la Avda de la Constitución, ese modelo de urbanismo a la holandesa, que sufrimos (y no disfrutamos, por mucho que nos quiera decir el ayuntamiento) cuando tenemos que ir a medio día con una corbata asfixiándonos el cuello, o de solo ver a guiris que se van poniendo rojos como langostinos o a las trabajadoras de las oficinas cruzando en tacones esa avenida sin una sombra protectora.
A AGESA tampoco le vale la excusa de que haya sido un edificio como tantos en la Expo que cayeron en el olvido (pabellón Siglo XV), ya que tras la penosa gestión de activos que hizo Cartuja 93 y el Ayuntamiento, al final el Palenque lo rescató la iniciativa privada (afortunadamente como muchas otros edificios), convirtiéndolo en discoteca y salón de convenciones de máximo nivel.
Se han dado mítines del PSOE y PP, Van Morrison, SFDK, o Paco Rabanne con sus desfiles, son ejemplos de la vida post-Expo del Palenque que ha llevado este recinto tan singular. Pero el Palenque, no está catalogado, se puede derribar.
Lo curioso, es que dentro de 60 años, veremos que se cataloga no sé yo, el Polígono Pisa, en Mairena del Aljarafe, porque es muestra del racionalismo industrial del siglo XX y los chalés del Aljarafe porque eran muestra del regionalismo tecno-moderno del siglo XXI, pero paralelamente, mientras vemos ese “catálogo” avanzar, veremos como se va destruyendo todos los iconos arquitectónicos de la Expo, que son todos y cada uno de los edificios que se construyeron, porque cada edificio, cada intervención en el terreno que se hizo en la Expo, es singular, pero esto, a nadie parece preocuparle.
Pues nada… sigamos catalogando, y pasando páginas de la historia contemporánea de Sevilla y creando parques que no se usan o avenidas sin sombra… ya nos arrepentiremos, que en Sevilla llorar lo perdido se nos da muy bien.
+ INFO: http://www.palenque.org (la web de la empresa que lo gestionaba, y que me imagino pronto clausurarán. Vienen imágenes y datos)