Parece que han pasado siglos desde aquella revolución que supuso Napster para todos los que por entonces se conectaban a Internet. Denuncias y juicios, muchísimas mentiras y FUD vertidos no han servido para que la gente permita que otros decidan lo que se va a hacer con su libertad.
Napster se publicó por primera vez en 1999, y en diciembre ya comenzó el juicio contra el servicio de intercambio de ficheros P2P. El juicio no hizo sino darle más popularidad, y al cabo de un par de años, Napster consiguió tener 13 millones de usuarios. Sin embargo, las presiones de los poderosos pudieron con la comunidad... y ganaron esa batalla.
Cuando Napster se hizo de pago y las discográficas parecían dispuestas a demandar a cualquier sucesor, ¿qué era lo más lógico? Dejarlo estar, ha sido bonito mientras ha durado. Ni por asomo. La respuesta de la comunidad fue que la música sí iba a ser gratis, quisieran las discográficas o no, y desde Napster hasta ahora hemos tenido muchísimas más aplicaciones para compartir ficheros (y ahora no sólo música). Ejemplos hay muchos: Audiogalaxy, WinMX, SoulSeek, Kazaa, eDonkey, Overnet, eMule, BitTorrent... La industria siempre ha seguido con la misma idea, repetir las denuncias (cuando encontraban a alguien a quien denunciar), promover leyes restrictivas, y mentir mucho, por eso de que algo queda.
Sin embargo, igual que pasa con el software libre las mentalidades van cambiando, y cada vez se oyen más voces a favor del intercambio de ficheros mediante redes p2p. Y no son voces de los usuarios, sino de quienes, como Alaska, ven en esta tecnología una herramienta de difusión y promoción muy valiosa.
Ahora que ya no es la música lo único que se comparte, aparecen nuevas empresas que se preocupan por sus intereses: le ha llegado el turno al vídeo. En este aspecto encontramos dos casos: los que como algunas cadenas de televisión, han aprendido rápido y se han dado cuenta de que facilitar las descargas de vídeos y series les resulta rentable; y los que aún no se han coscado de que al final se va a hacer lo que la comunidad quiera, e intenta coartar todas nuestras libertades.
En los últimos meses, se han descubierto dos claves para evitar la protección anticopia de los soportes de alta definición, la primera tuvo una grandísima repercusión porque se publicó la clave y las empresas de contenidos intentaron prohibir que la gente publicara un número. Patético. Pero como vieron que esto era absurdo pensaron en crear una nueva versión del sistema, con otra clave, y poder restringir los derechos digitales de la gente una vez más. La clave duró un día, ya que en 24 horas ya se había publicado de nuevo.
Podemos seguir con este juego todo el tiempo que quieran, ellos gastando dinero en inventar nuevas formas de restringir los derechos y nosotros (la comunidad) gastando algo de nuestro tiempo en recuperar esas libertades. A ver a quién le sale más rentable.